martes, 5 de febrero de 2008

Crónicas del mono / Primera comunicación


ilustración AGM - técnica mixta

Crónicas del mono / Primera comunicación / inédito - todos los derechos reservados / 2006

Soy un mono. No lo sabía realmente hasta que ellos me lo dijeron. Repitieron muchas veces uno de esos sonidos que parecen llenos de huesos e hipos con que se comunican unos con otros. Me señalaban o aludían a mi y decían: ¡Mono! Soy muy inteligente así que comprendí rápidamente que así me denominaban, soy un mono. Parecen tener uno de esos raros sonidos para cada objeto, realmente es complejo adivinar cual corresponde a cada uno. ¡Banana! he aquí uno de los que más me gusta. Me disgustan algunos otros como malo, sucio, haragán, como me grita mi amo cuando tardo en despertar. Él no se grita a sí mismo aunque duerme igualmente; quiero gritarle ¡haragán! cuando lo veo hacerlo, pero solo me sale un grito que no parece comprender y que motiva que me mire perplejo y me tire con su zapatilla desvencijada.

¡Pero es tan aburrido! Solamente se preocupa por conseguir los discos brillantes, o ver su caja de colores cuando llegamos ya de noche; a veces olvida darme de comer mientras la mira, durante horas. Yo le grito como para recordarle que existo, que soy ¡un mono!, el me mira con sus ojos muertos y su rostro tan poco expresivo y de a poco parece volver de ese sueño que le presta la caja de colores. A veces lo veo sonreír mientras la mira, yo también busco allí para comprender por que ríe, pero no logro entenderla. Sería tan divertido si jugara un poco conmigo, pero sospecho que no sabe hacerlo. No comprendo cómo pudo haber olvidado algo tan importante, quizás sea porque no tiene una cola. Me da una enorme lástima ver que sólo posee cuatro extremidades de las cuales las dos inferiores están al parecer atrofiadas, pero él se yergue arrogantemente sobre ellas, como si fuera gran cosa.

Yo pelo la fruta que me da con mis cuatro manos, y con cierta culpa advierto después que tal vez me envidie por mi destreza, ¡tan torpe es! ¡Figúrense que se sienta para hacer caca! ¡El pobre gran lampiño! Está al parecer del lado más aventajado de la cadenita, pero a veces lo veo tan indefenso que no estoy seguro.

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