martes, 29 de enero de 2008

ar.Comidita para intelectuales, el “Mac Guffin”


pintura AGM - El secreto del violinista - acrílico

Artículo/ Arte / publicado en Crann N° 13 y Fractal N° 39 (mx)

Cuando uno asiste a una conversación entre dos intelectuales, pueden suceder dos cosas: la de no entender absolutamente nada de lo que dicen, lo cual pasa la mayoría de las veces (al menos en mi caso); o la de contemplar con placer y sorpresa intelectual un intercambio entre dos que se multiplica, y nos da de paso alguna lección, conocimiento, un poco de envidia bueno es confesarlo, y pasado el tiempo un montón de olvido. Muchas veces la parte insufrible de estos mismos señores es que son intelectuales de tiempo completo, esto es que cuando terminan esta conversación en vez de ir a su casa y leer la revista “Goles”, siguen teniendo conversaciones serias e interesantes y citando a Cicerón mientras secan los platos. No se puede ser el cien por ciento del tiempo brillante, ese es el error de los personajes de Oscar Wilde. Intentarlo es estúpido y conseguirlo lo es aún más.

Existe un libro fantástico “escrito” por el famoso director de cine francés Francois Truffaut. El comillado es a propósito de que él mismo se apunta como un simple compendiador o redactor de las conversaciones que durante cerca de catorce años mantuvo con otro genial director, esta vez británico, con ustedes el señor Alfred Hitchcock. En el transcurso de este libro, que es una suerte de entrevista o más bien intercambio pues no responde exactamente al paradigma de pregunta-respuesta, se nos deja entrever la complejidad de una disciplina como el cine, y la extrema sutileza con que Hitchcock enhebra en la trama nunca inocente de sus películas detalles y elementos, muchos de ellos imperceptibles, siempre pensados para reforzar el concepto basal de su cine, el “suspense”.

Entre las ideas que se juegan entre estos dos geniales realizadores, una me llamó particularmente la atención y es la que el director británico indica con el nombre de “Mac Guffin”. ¿Qué es el “Mac Guffin”? Veamos si lo podemos explicar fuera del contexto del libro. Según Hitchcock el “Mac Guffin” es “... un rodeo, un truco, una complicidad, lo que se llama un ´gimmick´...”. Seguimos difiriendo la explicación. ¿Qué es un “gimmick”? Permítaseme una digresión. En su conferencia intitulada “La différance” pronunciada en la Sociedad Francesa de Filosofía en 1968, Jacques Derrida, que dicho sea de paso sacó con esta alocución sus credenciales de post-filósofo o de post-estructuralista o como quieran llamarlo, señalaba el hecho de que en el lenguaje la definición de un concepto como tal nos lleva a expresarlo mediante una conjunto de otros conceptos que a su vez se fundamentan en otros, etc. Ej: una mesa es una madera plana con cuatro patas.

Pero para entenderlo tenemos que saber qué es “madera”, qué es “plana”, qué es “pata”, qué es “cuatro”; una madera es un trozo de árbol; qué es entonces “trozo”, “árbol”, etc., y así hasta el infinito. Esto ocasiona lo que Derrida llama la “differance”, que traduciríamos mal como “diferencia” pues no estamos hablando del concepto de diversidad o de variedad, sino más bien de distancia y aún mejor de diferencia como diferir, es decir por retrasar. Por tanto cada vez que buscamos el significado de algo, no hacemos más que buscar entre otra selva de significados que no hacen más que “diferir” lo que estamos buscando. Todo el lenguaje es una gran trama que se sostiene en puntos igualmente dependientes, ya lo había indicado Ferdinand Sausurre. No existe pues nada concreto en nuestro lenguaje, todo es diferir a otros significados igualmente diferidos. ¿Angustiante verdad? Tal vez.

Cuando más se manifiesta la differance es a mi entender cuando surge un concepto como el de “Mac Guffin”, intraducible casi. Entonces Hitchcock lo difiere a “gimmick”. De nuevo ¿Qué es un “gimmick”? Precisamente es un “truco”. Otra referencia biográfica: William Castle, productor y director de Hollywood fue llamado el rey del “gimmick”. El así llamado “gimmick” consistía en apoyar sus filmes con trucos publicitarios, como por ejemplo asegurar la vida de los espectadores antes de entrar en la sala de proyección por si alguno “moría de miedo”, etc. Pero seguimos difiriendo sin acercarnos a la definición que buscamos, volvamos a Hitchcock en busca de ayuda. El “Mac Guffin”, según él nos indica, evoca un nombre escocés y puede ejemplificárselo bien mediante una conversación supuesta entre dos hombres imaginarios:

personaje a: ¿Qué es ese paquete?
personaje b: Oh, es un Mac Guffin
a: ¿Qué es un Mac Guffin?
b: Pues es un aparato para capturar leones en las montañas de Adirondak
a: ¡Pero si no hay leones en las montañas de Adirondak!
b: En ese caso, no es un “Mac Guffin”
Hitchcock: “... Esta anécdota demuestra el vacío del “Mac Guffin”, la nada del “Mac Guffin”.

Puesto en otras palabras (las nuestras), el “Mac Guffin” es en cine, la excusa por la cual la trama se mueve. Esto puede estar representado por un objeto o por una referencia difusa. Un buen ejemplo son los trillers donde a lo largo de toda la película se persigue, mata, chocan autos, incendian y explotan edificios, se derriban aviones, torturan héroes o desnudan heroínas, todo para conseguir un disquete que contiene algo. Números cifrados de cuentas en la islas Caimán, un código secreto de espías, una receta de cocina o lo que sea. Ese disquete es el “Mac Guffin”, la excusa por la cual la trama se mueve. Cuanto más insignificante, irrisorio y poco definido sea el “Mac Guffin” tanto mejor, dice Hitchcock. Y tanto mayor el talento del director para hacernos creer que este “Mac Guffin” es realmente importante.

Lo mismo es aplicable en pintura. En el cuadro “Encajera” del misterioso y genial Jan Vermeer, pintor holandés del siglo XVII, en donde éste representa precisamente una dama que cose encaje concentradamente en su labor, Salvador Dalí indica que la aguja, que si pensamos bien es el elemento principal del cuadro y sin el cual la encajera deja de ser tal pues no puede hacer su trabajo, no está representada. De fiarnos en el juicio de Dalí, estaríamos ante un “Mac Guffin” excepcional, pues precisamente donde se centra toda la atención de la acción de la pintura, es sobre una ausencia.

Seducido por esta especie de “no cosa” de “no concepto” que cuanto más inefable más efectivo, como aquella frase chistosa que señalaba que “un experto es alguien que sabe mucho sobre algo, hasta que lo sabe todo sobre nada”, empecé como si se tratara de un virus a detectar “Mac Guffin” menos inofensivos, y en otros ámbitos.

Las excusas para la declaración de guerra son históricamente exiguos “Mac Guffin”. O acaso la muerte de un sólo noble, aunque este fuera el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, a manos del anarquista serbio Gavrilo Princip, era una excusa válida para el comienzo de la Gran Guerra Mundial que entre 1914 y 1918 cobró la suma de 47 millones de vidas. ¿No es acaso esto un “Mac Guffin”? ¿Una excusa o un truco para que la trama avance?

En este momento de la invasión a Irak, y más allá de cualquier consideración acerca del gobierno que allí imperaba, no es acaso un “Mac Guffin” la excusa que sirvió para que se realizara la invasión. La existencia de armas de destrucción masiva en manos de Irak, no es más que el “Mac Guffin” que da continuidad, incluso este “Mac Guffin” es, como quería Hitchcok, prácticamente perfecto, ya que después de la invasión y hasta ahora no se encuentran las armas que supuestamente la provocaron, el “Mac Guffin” es nada.

personaje a: ¿Por qué nos invaden?
personaje b: Por sus armas de destrucción masiva
a: Nosotros no tenemos tales armas
b: Entonces esto no es una invasión.

En el ámbito particular se podría decir que también podemos detectar ciertos “Mac Guffin” que impulsan y sostienen la acción. Qué es lo que sustenta la conducta decidida y muchas veces violenta de dos equipos de futbolistas aficionados, con mayoría de hombres casados o de edad avanzada, que se encuentran todas las semanas a jugar un partido del noble deporte. ¿Puede decirse que la obtención de la victoria sea lo suficientemente importante para que estos individuos pongan en riesgo su integridad física, tirándose a los pies vehementemente, o sacando un tiro mordido casi arriba del rival? No, por supuesto, la victoria es el “Mac Guffin”, la excusa que provoca y mantiene la acción, cuando llegan a casa quién se acuerda cómo terminó el marcador.

O es que acaso tunear el auto, aprender a tocar el piano a edad avanzada, estar siempre remodelando la casa, actualizarse y hacer cursos constantemente, devorar libros en busca de una mayor amplitud intelectual, plantar en el jardín nuevas especies de flores, y otras mil formas de comportamientos individuales no responden a su vez a otros tantos e irrisorios “Mac Guffin”. Tal vez la síntesis perfecta de una vida sería responder a un “Mac Guffin” tan ininteligible como el de “ser bueno”, o bien “ser mejor” o “ser puro”. Vidas enteras se rigen por “Mac Guffin” aún más miserables como “hacer dinero”. Señalar los múltiples “Mac Guffin” que justifican que el movimiento de las ruedas del mundo vayan hacia cierto lugar sería tal vez peligroso, o desolador. Sin embargo lo importante es precisamente que la acción se mantenga, que la trama fluya; recuerde que cuanto más irrisorio el “Mac Guffin” tanto mejor. ¿Usted ya pensó cuál es el suyo?