martes, 22 de enero de 2008

¿Por qué un Blog?

Pertenezco a la generación que cuenta treintaytantos. Que no creció como los adolescentes de hoy, utilizando Internet como si fuera una herramienta que estaba allí, disponible, desde el principio de los tiempos (al menos del de ellos). Actualmente muchos púberes, avispados o no, utilizan el chat, crean blogs o fotologs, y publican con desparpajo e inocencia sus deseos, sueños, esperanzas y fotos zafadas. En su contexto la publicación de un blog puede ser más o menos intrascendente, incluso inexorable si están insertos en alguna tribu de cibernautas entusiastas.

Para una persona de mi generación que creció pensando que la TV era el epítome de la tecnología, que vio llegar el cable como si se le abriera una ventana al mundo, que compró con mano temblorosa su primer CD y no pudo creer que en un soporte tan pequeño entrara todo un LP (¡y sin lado B!), Internet tiene algo de mágico, de tecnología de otro mundo. Hasta que en el año ´95 se compró la primera computadora en mi casa, yo ensayaba mis humildes intentos de literatura en una máquina de escribir portátil de origen búlgaro, que no tenía ni acento ni letra ñ. Publiqué mi primer artículo hace diez años y ver impreso aquello que yo había pensado-creado-pergeñado, y considerar que potencialmente lo podían leer más de un puñado de personas (¡quizás mil!) me llenó de un alborozo extraño, casi un vértigo.

Después, hace unos pocos años, publiqué con mucho esfuerzo (no sólo mío) mi primer libro (y sigo en el primero) y pensé que sería como tocar el cielo con las manos.¡Había conseguido plasmar por fin el sueño de todo escritor! ¡Había llegado al fetiche supremo, el LIBRO! Sin embargo nada ocurrió. Nada cambió. No me salió un brazo en la espalda o algo por el estilo. Aunque mis deseos se siguen relacionando con publicar ya el libro no es mi Eldorado.

Quizás fruto de todo esto y otras cosas que ni siquiera yo mismo se (seguramente que más por esas), he decidido crear este blog; que es para mi algo sumamente importante y que hago con gran respeto y, tal vez, algo de temor. Publicar es para mi algo serio, sea a través del medio que sea. Tengo la idea, quizás equivocada, de que si alguien se detiene y pierde el tiempo en leer un texto mío, éste le tiene que dejar “algo”. No pretendo que ese algo sea demasiado profundo, pero que el lector no tenga que lidiar con la sensación de haber sido estafado es una de mis grandes preocupaciones cuando escribo algo.

Todos quienes tengan alguna relación con el mundo de lo impreso (yo tengo varias) sabrá que es difícil publicar. Yo lo se. Me desespera, a pesar de que leo mis artículos y editoriales regularmente en la revista CRANN (www.crann.com.ar), ver que se van apilando inútilmente otros escritos míos que no encuadran con esa publicación y que languidecen en un anonimato que los acerca a la nada. Por esos textos, y por los que he publicado, que en su mayoría han salido de circulación pues las revistas en donde vieron la luz se han agotado afortunadamente (no digo que por virtud mía pero así fue), he decidido crear este blog, para dar nueva vida a aquellos artículos perdidos y publicar otros textos: cuentos, poemas, nuevos artículos y quizás si me animo, alguna de las tres novelas que esperan pacientemente algún premio de esos que me obligan periódicamente a gastar dinero en hacer cuatro copias a doble espacio por una sola cara del papel (anilladas o encuadernadas).

No sólo quien intente el oficio de escribir (o el arte) sino el artista en general, pues también lo he experimentado como pintor, transitará variadas formas de desaliento. El pintor en ciernes, al ver rechazados sus cuadros en los salones por el antojo de nebulosos jurados, cuyos parámetros para juzgar son siempre un arcano. El escritor por la acción de la editoriales, la publicaciones y sus burócratas, que muchas veces con su indiferencia, o su descuido de esa vieja costumbre llamada respeto, hacen de un primer contacto esperanzador un nuevo desengaño.

Me han ocurrido toda suerte de estos sucesos desalentadores. El bendito mail me habilitó incluso la posibilidad de que muchos de ellos fueran internacionales. He tenido que soportar críticas livianas de árticulos que me habían dado mucho trabajo y en los que veía al menos un atisbo de la profundidad que anhelo; mandé más o menos al carajo a quien me hacía esas críticas del tenor de "sus artículos son muy generales", o "no coinciden con nuestro perfil editorial", que se amparaba quizás en el ampuloso subtítulo de su publicación "revista internacinal de arte". Otra puerta que se cerró.

También me ha ocurrido recibir con extrañeza noticias sobre muestras de mi trabajo enviadas un año antes con un lacónico: "su artículo tal a sido publicado en el número tal de nuestra revista". La alegría fue apenas un preludio del desencanto. Después de un puñado de mails (míos) se me informó que iban a enviarme una copia de la dichosa revista. Jamás la recibí. ¿Pagarme? ¿Qué es eso? ¡Subversivo!

¿Que hay que hacer entonces? ¿Contratar un agente literario, gastar lo que no se tiene en las propuestas dudosas que plagan Internet y prometen hacer llegar nuestras obras a la editoriales a través de "contacos" inalcanzables para el soldado raso de la letras? ¿Participar en concursos donde se sabe sólo llegan a los verdaderos jurados diez de los cientos de escritos enviados por entusiastas y esperanzados escritores, filtrados por intermediarios desconocidos, sin caras, sin entidad? ¿Leer después que muchos de esos concursos están viciados por intereses lejanos a la creación y desalentarse nuevamente? Yo tengo noticias de dos grandes escándalos (uno con juicio incluido) de fallos recusados y apelados, pero cómo no pensar que esa es solamente la punta del iceberg, cómo confiar y seguir mandando esa obra que tanto esfuerzo nos demada, tantas horas de desesperante corrección. Sólo el que escribe sabe cuánta sangre y alma se lleva eso que se llama con suerte literatura. ¿Qué queda por hacer ante este panorama? Yo escribo. Pongo el culo en la silla y escribo. Es lo poco que (creo) se hacer decentemente. Quizás por eso odio tanto el manoseo que trae aparejado el hecho de publicar, porque es completamente extraño (y hasta arriesgaría opuesto) al mágico momento donde uno se sienta a escribir y se "conecta" con la creación.

A pintar ya me ganaron. No pinto más. El mundo de las artes plásticas es todavía más repugnante que el de las letras (o quizás al segundo lo conozco menos). Galerías que cobran por exponer, concursos donde los premios se dan por: antojos, favoritismos, amiguismos, etc. Ahí ya bajé los brazos. Los ejemplos de lo que hice alguna vez, más joven y con las esperanzas menos golpeadas, lo verán aquí mismo en este blog, pues tengo la intención de colocar a modo de simpático respiro a mis farragosos textos, reproducciones de mis cuadros, dibujos, etc., y alguna que otra fotografía que me he aficionado últimamente en tomar. Todas las imágenes que aparezcan en este blog serán en este sentido originales. Si no puedo resistir el deseo de chorear algo a alguien y ponerlo aquí junto a mi producción, tendré seguramente la decencia de indicarlo de algún modo (aunque nunca se sabe).

Los que ya hayan leido alguna cosa mía tendrán aquí la oportunidad de conocer algo más de mi trabajo, quizás incluso de cancelar una primera buena impresión ante el misterio que sugerido, muestra una vez develado la estafa del cartón pintado. Los que no me conozcan tendrán la oportunidad de hacerlo (a mi trabajo, yo no revisto mayor interés) y quizás, si la borágine moderna (o posmoderna si son cool) no los absorbe demasiado, dejar algún cometario. Se agradecerá.

Finamente y a modo de despedida de este primer contacto, unas aclaraciones de último momento que pueden utilizar como mapa sugerido para seguir este blog. No esperen posteos diarios. Dedico a mis textos un tiempo más prolongado que el que se constata en algunos blogs, donde los posteos se adivinan realizados entre el desayuno y la ida al trabajo o en un momento de aburrimiento en línea en ese mismo trabajo. No esperen posteos cortos. En la mayoría de los casos, sobre todo en los artículos, tiendo al devaneo improcedente de tópicos tan variados como mis intereses o mi estupidez (inagotable). Uno de mis últimos artículos puede llegar a tener entre seis y ocho páginas Word A4 a simple espacio. Ignoro la equivalencia de eso en longitudes de posteo, pero puedo asegurarles que son unos cuantos párrafos. Me alejo del conciso artículo para adentrarme cada vez más en las arenas movedizas del ensayo breve, vislumbro en el horizonte de mis esfuerzos literarios una síntesis absoluta cercana a la transcripción lisa y llana de una suerte de boludeo infinito. Siento esa síntesis cercana, tal vez ustedes puedan contemplarla en tiempo real on line. En todo caso Bienvenidos.

1 comentario:

Alvaro ilustrador dijo...

Hola, me quedé con ganas de ver tus ilustraciones, espero y algun dia las publiques.

saludos de otro ilustrador: www.ilustrador.tk