martes, 19 de febrero de 2008

ar.Fluir (o cuando las fotocopiadoras matan a los espermatozoides)


pintura AGM - acrílico 

Artículo/ Arte / publicado en Crann N°15 / Año 5 - Agosto de 2004

A primera vista el principio de las artes plásticas pudo haber sido cuando los brujos/chamanes/charlatanes prehistóricos comenzaron a pintar las paredes de unas cuevas que nadie vería, con fines por supuesto mágicos, y no estéticos. Consideraciones aparte de que la existencia de estos chamanes fuera posible gracias a la mayor organización de las protosociedades prehistóricas, cuyo excedente de producción posibilitó que uno de la tribu pudiera dedicarse a otra cosa que no fuera buscar comida para alimentarse. Es decir, cuando sobró comida es que fue posible que uno se rascara (la cabeza) y comenzara a pensar en cosas que trascendían la fútil grosería de subsistir. Esto es: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Quién nos puso aquí? ¿Por qué llueve? Y otras preguntas similares (que en su mayoría aún no han sido respondidas).

Sin embargo no hay que perder un detalle (en suspenso), pese a la importancia y relevancia de lo que estamos describiendo, que es a todas luces el nacimiento del pensamiento. Y no del occidental como estamos acostumbrados, sino del pensamiento liso y llano (o tal vez no tanto). Anyway, decíamos dentro de este maravilloso alumbramiento lógico deductivo está implicado un detalle ínfimo, secundario, relegado y por que no pelotudo.

Y es que para que este chamán pudiese pintar sus animales en las paredes de su cueva, para que luego les arrojara lanzas y bailara sus danzas mágicas a la luz inestable de la llama, para que esto en efecto influyera en la cacería y cambiara el destino, es decir para que este pudiera ser dominado, influido o condicionado por el chamán y su magia; con todo lo que esto implica: participar de alguna manera en los acontecimientos que precisamente nos “acontesen” ya que no disponemos de ninguna herramienta para predecirlos y/o producirlos, debía existir este detalle (nuevo suspenso). Porque sí, los chamanes y médicos brujos prehistóricos ya se habían dado cuenta de que efectivamente, la vida es una bicicleta que nos regalan al nacer (pero sin manubrio). Y la magia era una forma de controlarla, y dominar un poco la angustia existencial, nosotros tenemos la psicología. Pero toooooooooooooooodo esto que estamos describiendo no sería posible sin una cosa: la pintura (e aquí el detalle).

¿Cómo? Sí, la pintura. El pigmento que el chamán usó para fijar en las paredes, de manera magistral, naturalista, incluso impresionista (¡?), según algunos, sus ideas en forma de pintura rupestre. Porque el chamán, antes de pensar en cazar imaginariamente a los animales, tuvo que pensar en cómo representarlos, y concebir un medio (no se olviden esta palabra) a través del cual hacerlo, un soporte (ya lo tenía la cueva, su morada o su templo o su lugar sagrado); y esto lo tuvo que pensar antes del rito, o por lo menos conjuntamente con éste. Porque en el rito estaba implicado el pintar. E incluso el pintar, la representación, era parte fundamental del rito, ya que sin esta operación que también estaba probablemente ritualizada, el rito en sí no sería posible. Entonces, este producto, esta imagen pintada en la pared, ¿era considerado por quienes la producían como arte? No. ¿Estamos asistiendo al nacimiento del arte? No.

Para el chamán, y las pocas personas que observaran las pinturas, éstas no estaban destinadas a la contemplación ni al goce estético, ya que se encontraban dispuestas en lugares poco accesibles, sino a fines puramente rituales. La pintura no era arte, las pinturas eran tal vez: ¿El alma de los animales? ¿El anticipo de la cacería? Quien sabe. Todo es conjetura para esa época de la que no existen registros.

Una cosa sí es cierta, si bien no podemos decir que en la prehistoria nació el arte como tal, sí podemos decir que nació la pintura. Pero no la pintura como concepto, sino la pintura como material. Y aunque este parezca un dato menor, una curiosidad histórica, un buen material para un “¿Usted sabía?” de Pelopincho y Cachirula (ver Anteojito y Antifaz), no lo es tanto si consideramos que el principio que hace posible que en este momento usted esté leyendo esta revista, data del nacimiento del hombre. Y que este principio no es otro que la adaptación de lo que la naturaleza hace por sí misma, y no me estoy poniendo romántico ni new ager, este principio existe incluso (y sobre todo) adentro nuestro.

El principio es básicamente lo que sigue. ¿Qué es la pintura? (recuerden que hablamos de ésta como material o mejor, como materia). La pintura es un sólido que flota en un líquido. No es un líquido de color, es un sólido. Un sólido que se vehiculiza a través de un médium. Todo fluido destinado a cubrir una superficie para cambiar su color lleva básicamente el mismo principio que descubrió nuestro chamán. Ya sea esto acrílico, óleo, acuarela, tinta, látex de pared, barnices, marcadores y rotuladores, y todo lo que se les pueda ocurrir que esté destinado a ese cometido.

En rigor existen otros elementos dentro de la pintura, en cuya descripción no profundizaremos por una cuestión de índole práctico y dramático. Sí mencionaremos la existencia del aglutinante: sustancia destinada a fijar las partículas a la superficie una vez evaporado el médium o diluyente. Al aglutinante se debe también el brillo y la resistencia al paso del tiempo de una pintura.

El médium por su parte, es el río que transporta nuestras piedritas coloridas. Y esto deja de ser una metáfora infantil si consideramos que en el caso de algunos pigmentos las piedritas pueden llegar a ser semipreciosas. Tarea N° 1. Vayan a una librería y pidan un óleo color azul ultramar, luego pidan un azul de ftalocianina. ¡Sorpresa! ¿Por qué el ultramar vale el doble? Porque históricamente el azul era un pigmento de difícil obtención, y la única piedra de la que se podía sacar el polvito que se convertiría en pintura era el lapislázuli. Piedra semipreciosa y que encarecía grandemente el valor final. ¿Por qué ahora sigue siendo más caro cuando sabemos que ya no lo hacen con lapislázuli? Qui lo sa.

Todos los pigmentos marrones, rojizos, sienas, y negro, eran más baratos porque en los primeros casos se hacían con tierras de diferentes lugares (sí, tierra de Siena, etc.), y en el caso del negro con carbón o carbón de huesos. Y el resto: química. Sulfuros, óxidos, cromatos, cinc, hierro, plomo, titanio, y todos los materiales que se pueden encontrar en las etiquetas coloridas de cualquier pomito de 18 ml. El plomo fue utilizado para la obtención de blanco, hasta que se advirtió recientemente (principio de siglo XX) que era tóxico.

En cuanto a la etimología de la palabra médium, no es casual la coincidencia de términos con los médiums que engañaron al pobre Houdini desesperado con la muerte de su madre. Efectivamente un médium es el que mediatiza, el que lleva una cosa de un lugar a otro. El médium conecta, lleva el mensaje de los muertos a los vivos; el médium pictórico también conecta, lleva, mediatiza o transporta el pigmento hacia el soporte.

El médium puede ser de diferentes características, sólo basta que sea un líquido capaz de transportar un sólido. La historia del arte y de sus técnicas es un catálogo de médiums. El primero es por supuesto el agua, en el caso de la acuarela, las témperas o gouache, el acrílico y otras pinturas plásticas como el látex. El aguarrás u otro hidrocarburo, en el caso de las pinturas que tienen el aceite como aglutinante. Por ejemplo el óleo o los esmaltes (no confundir con los esmaltes para cerámica cuyo médium es el agua y el brillo y dureza se le da por temperatura. También pertenecen a esta categoría los barnices y las tintas gráficas. Las pinturas al aceite poseen mayor dureza en la terminación y son de secado más lento. El alcohol también es un medio utilizado en las tintas de secado rápido como en rotuladores, marcadores, etc.

La preocupación es básica e históricamente siempre la misma, qué medio utilizar para transportar un color de la naturaleza al soporte, de abstraerlo (o ahora nos vamos a creer que la abstracción nació con una pretenciosa acuarela de Kandinsky) de su entorno para aislarlo en una superficie. El transporte era entonces el problema, y no sólo el transporte de los pigmentos a través del médium, sino el de su combinación (pigmento + aglutinante = pintura) de un lugar a otro. Fue recién a fines del siglo XIX con la comercialización de la pintura al óleo fraccionada en pomos, que se facilitó la utilización y el traslado de la misma. Esto ayudó al nacimiento de la pintura a plen air como querían los impresionistas. El pintor tenía que simplemente, comprar los colores que prefiriese tener en su paleta, tomar su maletín, su trementina y salir a buscar la luz del sol.

Antes de esto, el pintor era también el conocedor de los bemoles de un oficio milenario, el de la preparación de los colores para su utilización en el estudio. Durante el Renacimiento los talleres de los artistas contaban con asistentes que desde jóvenes, iban aprendiendo los misterios de su labor, y preparaban las pinturas y los soportes donde los maestros trabajaban. Los discípulos eran también los encargados de pintar los fondos de los grandes frescos o retablos, para que los maestros dieran los últimos toques, insuflaran el soplo final de vida. Leonardo Da Vinci, el artista más reproducido, comentado, endiosado y mitificado por contemporáneos y posteriores críticos de occidente, no cuenta con un número preciso de obras que den certezas de su autoría. La Gioconda y poco más es lo que se le puede atribuir, y por supuesto sus croquis, dibujos, etc. Pero en cuanto a pintura es poco lo que se sabe de él. Antes bien, muchas de las obras que se han catalogado como suyas no cuentan con las pruebas suficientes como para no atribuírselas a sus ayudantes.

Miguel Angel por su lado, prescindió prácticamente de asistentes en la ejecución de los frescos de la Capilla Sixtina, salvo para la preparación de los colores y de las superficies. La ejecución fue íntegramente hecha por él. Si creemos en Hollywood, Charlton Heston tenía un sólo discípulo que lo auxiliaba, según la versión cinematográfica de la vida del artista, y no porque la Metro no tuviera dólares para contratar más extras.

Resultado:
a) el papa Julio II (un sufrido Rex Harrison) luchaba contra miguelito que nunca terminaba el fresco
b) los fondos de la Sixtina sin el auxilio de ayudantes son, debemos decirlo aquí, francamente malos; ya sea por una decisión estética de Miguel Angel que escultor sólo se interesaba por las figuras, o por otra razón, esto es así.

Un dato más que se relaciona con lo anterior. En el siglo XIX existían especialistas en fondos, en cielos, etc. Un pintor que hacía un cuadro para un salón (un cuadro histórico de grandes dimensiones por ej.) no tenía que preocuparse por apresar los fugaces efectos de la meteorología, sino que simplemente llamaba a un experto en cielos para que le pintara el suyo. Fantástico. Que paradoja pensar que uno puede estar admirando un autor que no es tal, que esta pincelada es de otro; y después leemos la Ley 11.723y los derechos de autor y nos creemos esto de la originalidad, bla, bla, bla. ¿Y el autor dónde está? No, no señor, Homero no existió o es un montón de autores dispersos, y el único lugar en el que vivió alguna vez no es Grecia sino en el fresco de un tal Rafael.

Pero volviendo a nuestro chamán semidesnudo (como se le pega a uno el imaginario occidental), qué hizo él sino tomar lo que ya había visto en la naturaleza y adaptarlo a sus necesidades. Y no me diga que esta no es una operación conceptual complicada, porque lo siento a tratar de encender el fuego con dos palitos secos y una piedra y vamos a ver dónde queda su mirada peyorativa sin esas prótesis llamadas fósforos, encendedor, magiclik, cocina, calefón, automóvil y que en realidad debieran llamarse no se hacer o no puedo hacer x cosa: alcanzame el no sé prender el fuego, pasame a buscar en el no puedo caminar a casa, etc.

En la naturaleza ya se encontraba el principio del médium y del transporte de una sustancia sólida por una líquida. El río que se lleva el tronco. ¡¡¡Apaguen esa música de Enya!!! Y dígame sino usted, o es que piensa que ese líquido que corre por adentro suyo y que denominamos sangre para no hacer una fatigosa enumeración de lo que transporta, es rojo. ¡No!. Es rojo porque lleva glóbulos rojos, además de plaquetas, glóbulos blancos, oxígeno y otras nimiedades. ¿O es que cree acaso que esos alegres pescaditos que hacen posibles nuestros hijos y nuestras palomas, llegan con sus 21 cromosomas hasta su mullido y luminoso objetivo por obra y gracia del espíritu santo, de la cigüeña o de ciertos repollos conspiradores? ¡No! Van nadando por un líquido. ¡Pero, y entonces, todo es un sólido que viaja en un líquido! ¡Todo es fluir como en el budismo Zen! Categóricamente ¡No!

Porque nuestro brillante siglo XX (y nunca mejor utilizada la metáfora) inventó la electricidad, mejor dicho, la forma de transportarla y darle utilidad, ya que según creo ya estaba inventada por un tal Dios y los rayos y relámpagos, o tal vez antes de eso por Zeus. Y después, descubrieron que esta electricidad podía transmitirse o dejar de transmitirse (switch on off), y que si interrumpimos el paso de la electricidad en distintas medidas temporales y le decimos al que está en la otra punta del cable (¡¡donde sea que esto sea!!) que un impulso largo es una raya y uno corto es un punto, y nos ponemos de acuerdo también que tantas rayas y puntos son tal letra etc.: sí, inventamos el telégrafo.

Y si viene además un tal señor Alexander Graham Bell y se pone a estudiar formas de mejorar el telégrafo y por una casualidad o causalidad del destino descubre que voces humanas pueden transmitirse a través de un cable (apoyándose un poco en los inventos de Edison y sus cilindros parlantes), entonces señores ¡tenemos el teléfono!

Es decir, hemos inventado un médium no líquido que es capaz de llevar información con total ¡celeridad!. De ahí hasta Internet y la información on line, o clock, of course hay un paso. Pero usted me dirá: la información no es un sólido, es una abstracción. Y la electricidad no puede tampoco transportar sólidos, ya que todavía no se ha inventado el teletransportador del capitán Kirk para que nos lleve de un lugar a otro. El médium electricidad no puede dejar de lado el médium líquido (sea cual sea). ¿Seguro que no?

Tarea N° 2: tome su DNI, vaya a su quiosco amigo, saque una fotocopia de la primera y segunda hoja, también la del cambio de domicilio de haberse efectuado en el último año. Vaya a su casa, tome la hoja por un extremo, sacúdala enérgicamente. La reproducción de su desmejorada foto (podemos decir que la foto de nuestro documento SIEMPRE es nuestra peor foto), permanece allí, indemne. ¿Cómo llegó hasta allí? ¡Touche!

Electrostática. La fotocopiadora trabaja con tonner, esto es un polvo, no hay ningún líquido. ¿Cómo llega al papel? Por electricidad, y se pega a él por el aglutinante resinoso que recubre los granos de tonner y que se disuelve por calor (por eso las hojas salen calientes). De cualquier forma: EL LIQUIDO SE HA IDO. Su Laser Jet funciona de forma similar, nada más que con un láser. No existen más nuestros pescaditos alegres ni nuestros troncos flotando, ni Heráclito y su río brillante ni el Ganges, nada: ELECTRICIDAD. Nada (tachado - de nadar – imposible sin líquidos) then: electricity.

Y usted dirá: pero bueno el progreso hace posible que gracias a este invento podamos contar con copias baratas de nuestros documentos más importantes con miras a tramitar nuestras pensionesjuvilacionesexpedientesetc, y esto es bueno porque es una facilidad para quien lo necesite y seguramente los costosblablablabla. Y yo le diría que usted se equivocó al leer esto, porque pensó que era un artículo, y tal vez el error sea mío al no advertirle desde un principio que lo que estaba tratando de escribir aquí era un poema. Que dice que un mundo de líquidos es más conveniente y más adecuado para hacer como decía Bukowsky: “... manténte alejado de Dios / permanece angustiado / deslízate...”. Y es que deslizarse sin líquidos es muy doloroso (ausencia de juego sexual previo), y si no pregunten a los pistones impávidos que evolucionan en nuestros motores de cuatro tiempos gracias a la bendición del 15W-40 (aceite).


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